Carta a la comisión directiva

Sres. de la comisión directiva,

Presente. Con motivo de su solicitud de revisar nuestra unidad en busca de humedades, mohos, hongos u otros tipos de cosas desagradables, evalúo:

A primera vista mi balcón está bien. Yo lo reviso los días lindos, me paro ahí porque tiene más o menos justo el ancho de mi pie descalzo, y miro como para avenida italia y cuento autos de algún color en particular, o trato de sacarle fotos a la paloma que se para en la reja del balcón del 502, pero soy lenta con el foco y cuando obturo ya es muy tarde. A veces también me siento, corro algunos muebles para sentarme adentro y colgar los pies por las rejas. Así leo o tomo café. El balcón no ha cedido, y aunque cualquiera de estas actividades mencionadas ocupa mi atención de forma más bien embelesante creo que no dejé de notar humedades, hongos u otras inconveniencias, es decir que creo que no las hay.
La ventana sureste sostiene el aparato que va afuera del aire acondicionado, y la uso frecuentemente para ver el triángulo de mar que se me permite desde la habitación menos fría del apartamento. Una vez limpió su alféizar el joven del noveno y sobre eso escribí bueno y abundante. Desde entonces está limpia o como él la haya dejado. Sin humedades. Sin hongos.
El cuartito donde colgamos la ropa es un vórtice hecatómbico donde no encontramos nada y perdemos todo. Los palillos del asuntito en el que se cuelga la ropa interior se le salen y molesta. So sé atrás del lavarropas, pero tampoco veo humedades.

Con motivo del motivo de su solicitud de revisar nuestra unidad, comento:

El otro día cuando en la reunión de propietarios la señora del 700 algo nos contó su historia rara de la mano de su abogado yo me puse a pensar en las humedades. Me fijé las que quieren ustedes que me fije, como reporto arriba, pero encontré muchas de esas que la señora tiene y son las que, opino, generaron las que tiene su casa. Hay que ventilar las habitaciones de la mente, pensaba yo mientras ella decía con su curioso acento que no entraba al cuarto de su madre muerta desde que murió, há siete u ocho años. Cómo sorprenderse al encontrarla húmeda y mohosa, me pregunto, y me respondo inmediatamente: es fácil olvidar las habitaciones de la mente. Se cierra una puerta y si se cierra con suficiente delicadeza y cuidado, o fuerza y desprecio, y si uno después de eso se concentra y la sella con lágrimas o rabia, la olvida.
Eso le pasó a la señora, pero su mente debe ser fuerte, tan fuerte que la hizo olvidarse de una puerta de verdad, que veía todos los días, enfrente a la cocina, capaz parada tomando el café miraba la puerta y no la veía, capaz acariciaba el pestillo en un acto inconciente. Ahí adentro escondió a su madre, y su madre, sin dudas, no quiere estar escondida. A los muertos no les gusta que los escondan.
Esto pensaba yo mientras discutía el abogado con las tesorera si debían o no pagar los fondos comunes ese arreglo si la señora no había mirado esa habitación en años. Los muertos no quieren que los guarden y los olviden, entonces golpean como pueden. Algunos muertos no molestan, otros están encerrados y están enojados y molestan para que los liberen. “Soltame” es mil escritos, en mi caso, mil horas llorando, en otros, mil millones de honguitos asquerosos atrás de una puerta cerrada, en este. No sé quién tiene que pagar la liberación de ese muerto.
El abogado es un gesto un poco impertinente. ¿Qué quiere decir? ¿Que no es su culpa haber torturado a sus fantasmas, que es culpa nuestra, de los demás, por no ir y decirle libere a sus muertos señora libérelos señora libérelos y libérese? ¿Que la pared debería haberse construído a prueba de rencores fantasmas? Yo creo que significa que la señora piensa que alguien tiene que reembolsarle a su madre. Es de España, capaz en España se hace así. Acá no nos reembolsan los muertos, y menos cuando duraron tanto como esa señora, que si era madre de esta tenía por lo menos su edad al morir, o algo así.

La reunión ya me estaba aburriendo y yo me había olvidado de mi punto: encontré humedad y moho en habitaciones de mi mente. Mi mente es joven y creo que con vinagre, agua jane y un poco de aireo se soluciona, pero quizás quieran ustedes hacer algo al respecto, digo, con los fondos que construyen con los aportes mensuales que pago en los gastos comunes.

 

Se despide sin más, atentamente,
Carolina Silva, unidad 503

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