Dos hombres en Győr

En el fondo del pozo había dos hombres húngaros.
Uno, muerto; solo retorciéndose por alguna maquinaria macabra del universo y quizás solo para este momento y esta confusión: el otro, vivo, se parece tanto al muerto que se disipa la conciencia de que son entidades diferentes, identidades separadas con la fatal capacidad de estar en puntos distintos del espectro vivo-muerto que, a su vez, podría en realidad ser una contrastación binaria y sencilla más que un espectro propiamente dicho, aunque puede discutirse que el muerto no estaba tan muerto aun sin estar vivo, y que el vivo no estaba tan vivo sin aun estar muerto.
Pero un poco vivo, sí. Un poco vivo, vivo como para saber que tendrá que rezar gracias por parecerse al no tan muerto y por haber sido unido y confundido en algún nivel con otra entidad y por habérsele obligado a una paridad intrínseca con el no tan muerto; todo esto para permitirle minutos más en que escribiría

4. La paciencia florece así, con la muerte

Y firmaría Radnòti antes de morir y olvidarse del asunto.

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