Los tigres de la luna

construyeron una atmósfera en la luna, digamos, construyeron paredes y las techaron y adentro pusieron aire. aire que sirve para respirar, aire que sirve para habilitar lo que también habría sido mi objetivo y por eso lo entiendo, lo respeto, lo agradezco incluso: aire que sirve para que ahí vivan los tigres. se llevaron a los tigres a la luna. los metieron en su atmósfera manufacturada, y pusieron otras cosas, todas las que los tigres (tres mil tigres) necesitan para que la diferencia no les moleste. no alcanza con que nadie los mate para vender sus pieles o su sangre o sus colmillos, los tigres necesitan también comida, por supuesto, pero no sólo la comida sino haberla matado.

¿muere de causa natural un jabalí cuando lo destroza un tigre? ¿es antinatural la muerte si la causa el instinto? ¿sería antinatural ceder a mi propio instinto y entregarme al tigre?

llevaron también algunas presas a la luna. hice todo lo que pude, expliqué que lo había sabido siempre, que lo había decidido, también, en algún punto, que estoy cuerda y sólo quiero completar mi vida tal como la vi completa en todos mis sueños los últimos veinte años, que ellos, y no yo, habían aunado los factores imposibles de mi muerte y que ahora ya no valía echarse atrás; los vi alejarse con los ciervos y los jabalíes mientras gritaba mi envidia, mi hondísima envidia, y moría de tristeza mientras esos animales vacíos, en el espacio y acechados por tigres, morían mi muerte.

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2 comentarios en “Los tigres de la luna

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