Ciencia ficción 2

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en la cabina de mando de un cohete averiado
afuera el vacío, terminante, exhaustivo
no se puede perder el control
no se puede ceder al espanto

los controles se mezclan a los ojos anegados
de lágrimas de cansancio, y de miedo, y de pánico

el astronauta que llora termina de ataviarse
se filtra el vacío, si puede filtrarse
el astronauta que llora es arrastrado
con furia y violencia, al espacio
y mientras flota entre explosiones mudas
se siente solo

solo entre cientos y miles de estrellas
solo entre cientos y miles de mundos
solo en el cielo, opresor pero nulo
sabe que no volverá a casa

el astronauta que llora mira en lontananza
y ve todo igual, y el corazón se le encoge
juega a ser un pez, o un pájaro, que es lo mismo
piensa mientras muere
que el pez vuela en el agua
y el pájaro nada en el aire
y que él, vuelto pez y vuelto pájaro
se quedará sólo con pensamientos animales
y no pensará que ve lo que nadie vio
y no pensará que se lo recordará valiente
y no pensará que el oxígeno se agota
y no pensará
mientras, aún llorando, se termina

 

 

 

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Lobo

el lobo habló por primera vez un día de marzo a las dos de la tarde. se paró en sus patas traseras, apoyó las delanteras sobre mi estómago, me tiró al suelo y con su hocico húmedo en el medio de mi frente dijo
volvé
y ya no tuvo que volver a decirlo: su orden resuena aún en mi cabeza y vuelvo. lo llamé amigo, y entendí un afán protector. mi lobo, silencioso, que para no matar me separa de las amenazas. mi lobo sabio.
el lobo duerme sobre mí, su peso familiar permitiéndome la tranquilidad del cuidado. su peso familiar ahogándome apenas. despierta antes que yo y se sienta en la puerta. el día no empieza sin pasar por el lobo, la noche no empieza si el lobo no la trae, cargándola muerta entre los dientes.

 

mis años con el lobo fueron silenciosos. fueron lentos.

 

esa mañana amanecí con el lobo de pie sobre mí. su hocico rozando mi cara, su peso concentrado en sus patas sobre mi pecho.
el lobo no se movió cuando con el brazo estirado encontré un cuchillo. confiaba en mí, como yo confiaba en él hasta este momento en que entendí la diferencia entre guardia y guardián. el lobo siguió asumiendo su control indiscutido sobre mis valentías mientras yo recordaba que la clave era la carótida.
sus ojos siguieron clavados en los míos mientras yo buscaba en mi cuerpo oprimido la fuerza para atravesar su piel, la piel del lobo que amé, la piel del lobo que amo aún cuando sus ojos no reflejan el dolor de la traición, ni tristeza, ni miedo, sino dignidad. acaso orgullo.

el lobo palidece y dice en su estertor

yo vine a morir
vine a amarte y a que quizás me ames
pero vine a morir

con su garra debilitada traza una línea vertical que recorre mi garganta. bebe mi sangre antes de morir, pero muere.

Mi casa

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cuando quiero salir de mi casa se me cierra la garganta, se me agranda la pupila, me preparo para el miedo, que a veces no viene y a veces es una mano gigante agarrándome por el torso, y sentándome en la vereda, y obligándome a luchar por mi cuerpo y la descompresión de mis músculos y mi autonomía y mi control.

cuando quiero salir de mi casa me doy cuenta: esta no es mi casa, mi casa ya no es, hace tiempo que no es, pero aún este bastión para la recuperación de la que sí es mi casa tiene algo de sagrado, de santuario casi. pero qué tenue la protección que ofrece el santuario, qué vana la búsqueda.

mi casa murió en el tiempo, quedó atrapada en esa bruma que me ciega si miro para adelante y si miro para atrás.

mi casa: un perro pequeño pero noble y gritar con el pensamiento
gran
lobo
salvaje
mi casa: una coordinación de techos plateados y el conocimiento furtivo de que no caerán,
mi casa: mi gata arisca que me quiere, a pesar de mi negligencia, a pesar de mi torpe imitación de maternidad,
mi casa: la maternidad,
mi casa

el miedo crece con los metros, pero a veces no paraliza, y a veces me dicen construirás tu propia casa, elegirás los colores de sus paredes, verás crecer sus plantas, construirás tu propia casa y ya no tendrás miedo.

¿

(otra versión de lo mismo)

un seseo recorre mi cuerpo cuando cierro los ojos. no aprendí la palabra sinuoso hasta años después
pero ya había leído harry potter.

un universo léxico hermoso representado por esa serpiente indigna en una pecera. una frase ominosa, saliendo orgullosa de un hombre blanco ficticio:
le sacamos
el veneno

¿qué proceso puede desarmar así la naturaleza?
¿qué hace el hombre con las armas robadas?
y otra ficción se deposita inalámbrica en mi ilusión de siete años:
ciento
cincuenta
pesos

escuchamos después:
no puede ser

la cifra podía haber sido un millón de veces la misma. sólo significaba lo que también significa su ausencia:
NO.

me quedan escasísimos seseos. me sumerjo en otros universos sibilantes: habrá senderos sinuosos, en sonidos o en sueños.
de bífido, nada.

Bachino ’99

Llego años después del presente, cuando su paso solo se intuye. Reviso sus rastros, levanto detalles olvidados como la limpieza después de un huésped en un hotel. Pero no lo limpio: lo escruto, lo evalúo, lo atesoro, lo idolatro, lo lamento, sobre todo, lamento su paso tan anterior al mio, de tan distintos criterios, de tan reprochables motivos. Llego tarde pero me aseguro que llego mejor. Llego a corregir ese presente demorado y por un instante olvido que no llego tarde sino detrás, que ni siquiera llego, que recorro una estela por desvanecerse, una imagen horriblemente estática y bastante ajena, que para influir, para tocar y mover y causar mejores destrucciones debería correr, correr, correr y correr o despertar de esta estasis monstruosa, deshacer esa maldición de costa dulce, rehacerme menos impresionable, alcanzar al tiempo que ya no sé por dónde va pero lo adivino en parpadeos, al tiempo que sigue como queriendo obedecer a una versión de mí infante y tirana que solo una vez dio instrucciones y ya nunca puede ser complacida.

Llego con el pasado, o soy el pasado que llega.

Ciencia ficción

ilustracion CIENCIA FICCION por Eli Musso-1

[ilustración de Morronga. ¡gracias!]

“qué delicia”
susurró el capitán de la primera nave tripulada
a los suelos oníricos de neptuno
“qué delicia comprobar
que aquí se siente igual el amor”

haciendo saltar a su cuerpo pesado
un joven devenido ingeniero devenido astronauta
piensa exactamente lo mismo
de la tristeza
“amigos”, proclamó
sin importarle la aparente locura
de su súbita decisión
“no volveré con ustedes”

no lo sorprende que la melancolía
lo haya perseguido tantos años luz
la melancolía es perseverante,
sabe el joven devenido astronauta
la melancolía me esperaba en neptuno
mucho antes de yo saber
que alguna vez vendría

no sabe si comentar su descubrimiento
al silencioso rigor científico.
el joven ingeniero, que alguna vez nació en hamburgo,
murmura wenn es weltschmerz gibt in aller welten
¿cómo no habrá también vida?

y su risa es la primera en neptuno
al murmurar la palabra colonizada

spatienschmerz

Polvo (Día del amigo)

polvo soltado a las raíces truncas
de un árbol lleno de intentos

polvo soltado sin gracia
sin homenaje, sin algarabía

polvo que dejará de verse
cuando dejemos de mirarlo

polvo que enseña que nada
ni lo inmortal vive siempre

polvo que pinta el suelo
y desafía a sostener la mirada

polvo al que no le importan
las personas volteadas

polvo que es polvo y será polvo
por lo que duren nuestras vidas

polvo imposiblemente disociado
del cinismo y la risa explosiva

polvo sin amigos, sin planes
ni nada que ver conmigo